Hay un dato curioso y maravilloso sobre Finca El Aleph:
hasta aquí no llegan carros.
Aquí el café crece rodeado del canto de las aves, neblina, lluvia, aire limpio y el ritmo tranquilo de la montaña.
En un mundo que cada vez corre más rápido, nosotros aprendimos a valorar lo contrario:
La pausa.
Porque cuando la montaña conserva su ritmo natural, todo cambia.
El suelo mantiene su equilibrio.
Las aves siguen acompañando los amaneceres.
Los animales recorren sus caminos libres.
Y el café madura lentamente, respirando un entorno más limpio y vivo.
El proceso ocurre acompañado por el clima real de la montaña, sin interrupciones, sin prisa y en armonía con todo lo que habita este lugar.
Para nosotros, no tener acceso vehicular no es una desventaja.
Es una decisión de respeto.
Respeto por la tierra que nos da el café.
Por las aves que viven aquí.
Por el corredor natural del mono tití gris.
Por el agua, el aire y el equilibrio que hacen posible todo lo demás.
Claro, implica más esfuerzo.
Cada herramienta, cada material y cada saco de café requiere más trabajo para llegar y salir de la finca.
Pero también nos recuerda algo importante:
Las cosas valiosas rara vez toman el camino fácil.


Coffee Dreamer
Cada paso un aprendizaje
Trillar Café con neumático de bicicleta 

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